|
|
|
1. Introducción |
|
|
|
2. La evolución de las tecnologías de la información y la comunicación |
|
Desde la década de los sesenta, numerosos autores han propuesto dividir la historia
humana en fases o periodos caracterizados por la tecnología dominante de codificación,
almacenamiento y recuperación de la información (véase, en los últimos años,
Levinson, 1990; Harnad, 1991; o Bosco, 1995, por ejemplo). La tesis fundamental es que
tales cambios tecnologicos han dado lugar a cambios radicales en la organización del
conocimiento, en las prácticas y formas de organización social y en la propia cognición
humana, esencialmente en la subjetividad y la formación de la identidad. Sólo adoptando
una perspectiva histórica es posible comprender las transformaciones que ya estamos
viviendo en nuestro tiempo. El primero de estos cambios radicales ocurrió hace varios cientos de miles de años,
cuando ³emergió el lenguaje en la evolución de los homínidos y los miembros de nuestra
especie se sintieron inclinados -en respuesta a algunas presiones adaptativas cuya
naturaleza es todavía objeto de vagas conjeturas- a intercambiar proposiciones con valor
de verdad² (Harnad, 1991, pág. 39). El lenguaje oral, es decir la codificación del
pensamiento mediante sonidos producidos por las cuerdas bucales y la laringe, fue, sin
duda, un hecho revolucionario. Permitía la referencia a objetos no presentes y expresar
los estados internos de la conciencia. El habla ³proporcionó una nueva dimensión a la
interacción humana. El habla convirtió el pensamiento en una mercancía social. Con el
habla se hizo posible hacer pública y almacenar la cognición humana. El conocimiento de
los individuos podía acumularse y el conocimiento acumulado de la sociedad era almacenado
en los cerebros de los mayores... La palabra hablada proporcionó un medio a los humanos
de imponer una estructura al pensamiento y transmitirlo a otros². (Bosco, 1995, pág.
28). Es dificil imaginar como puede ser la vida cotidiana en una sociedad oral. No basta con
pensar en nuestra sociedad sin libros, sin escritos, sin todo lo relacionado con la
escritura: es otra manera de ver el mundo y de pensar. Walter Ong (1995) ha intentado
dibujarnos un retrato de la psicodinámica de la oralidad en las culturas verbo motoras en
base a estudios antropológicos de culturas preliterarias y a las evidencias de los
primeros textos escritos, en realidad transcripciones de la tradición oral, como la
Iliada y la Odisea. No tenemos tiempo para explorar en profundidad las ideas de Ong, pero
imagínense una comunidad en la que la palabra no tiene una transcripción permanente,
escrita. El sonido está intrínsecamente relacionado con el tiempo, la palabra existe
sólo mientras es pronunciada y en la memoria de los oyentes. No es extraño que existan
palabras mágicas o que los refranes transmitan el saber popular a las nuevas
generaciones. Ong (1995) describe este tipo de cultura como aditiva y agregativa más que
analítica, redundante, tradicionalista, centrada en la vida cotidiana, empática y
participativa, más que objetivamente distanciada, homeostática y situacional, más que
abstracta. La segunda gran revolución fue producto de la creación de signos gráficos para
registrar el habla. Levinson (1990) afirma que la fluidez y abstracción del habla creó
la presión evolutiva necesaria para la comunicación más allá de los límites
biológicos: la escritura. En todo caso, fue un proceso que duró miles de años. Los
primeros signos de los que tenemos noticia datan del paleolítico superior (entre 30.000 y
10.000 años antes de nuestra era), pero fue solo 3.500 años antes de nuestra era cuando
comenzaron a utilizarse para representar el habla, después de 500.000 años de cultura
oral (Bosco, 1995). La palabra escrita permitió la independencia de la información del
acto singular entre el hablante y el oyente, temporal y espacialmente determinado, la
posibilidad de preservar para la posteridad o para los no presentes el registro de lo
dicho-oido. La palabra escrita tenía, sin embargo, algunos inconvenientes: era lenta en
relación a la rapidez del lenguaje hablado, su audiencia era menor, la lectura es un acto
individual (a no ser que se convierta en palabra hablada) y, en definitiva, era un medio
mucho menos interactivo de comunicación que el habla. La forma del discurso se adaptó a
estas características. Se hizo más reflexivo, deliverado y estructurado. La escritura
estabilizó, despersonalizó y objetivizó el conocimiento (Bosco, 1995). La escritura,
como destaca Ong (1995), reestructuró nuestra conciencia y creó el discurso autónomo,
libre de contexto, independiente del hablante/autor. La literatura y, sobre todo, la
ciencia se beneficiaron de la fiabilidad y sistematización que la escritura confirió al
conocimiento y al pensamiento. La posibilidad de acumular el conocimiento, de transferirlo
a la posteridad o de asociarlo a un objeto mueble que podía ser reproducido y
transportado hicieron de la escritura un desarrollo estratégico. La importancia de la
permanencia del mensaje en el texto escrito se evidencia en episodios de las tradiciones
religiosos de numerosos pueblos. No es necesario extenderse sobre las diferencias entre
las religiones ³con libro² (como la cristiana, la judía o la musulmana) y las ³sin
libro² (como las orientales). Pero la aceptación de la escritura como medio para el
avance del conocimiento no fue inmediata (véanse, por ejemplo, las ideas que Platón pone
en boca de Sócrates en el Fedro, y su crítica del ³mayestático silencio² del texto,
cinco siglos antes de nuestra era). La difusión de la escritura no fue rápida ni generalizada (Gaur, 1990). De hecho, la
escuela como institución es una consecuencia de la alfabetización. ³El desarrollo de
las escuelas como lugares alejados de los procesos productivos primarios de la sociedad
está estrechamente conectado con el desarrollo de la escritura² (Bosco, 1995, pág. 31).
Las primeras escuelas conocidas datan de 2.000 años a.c., en Sumeria. Su objetivo era
enseñar la escritura cuneiforme a una clase social privilegiada, a unos
"especialistas": los escribas. Un uso político-económico del lenguaje escrito
que también puede hallarse en China o Egipto. En las culturas orales, el aprendizaje era
fruto de la experiencia en las actividades de la vida cotidiana. La aparición de la
escritura impone la descontextualización o disociación entre las actividades de
enseñanza/aprendizaje y las actividades de la vida diaria. Aprender a leer y escribir
requería el uso de medios extraordinarios: no era ya posible hacerlo mediante la
observación y la repetición de los actos de los adultos, muchas veces en forma de juego,
que eran la forma natural de socialización. La palabra, escrita y hablada, tomaba el
relevo de la experiencia directa con las cosas. La tercera revolución se debió a la aparición de la imprenta. Algunos autores
(Bosco, 1995, por ejemplo) la consideran un simple desarrollo de la segunda fase: a fin de
cuentas el código es el mismo en la escritura manual que en la impresa. Sin embargo, la
posibilidad de reproducir textos en grandes cantidades tuvo una influencia decisiva en el
conjunto de transformación políticas, económicas y sociales que han configurado la
modernidad y el mundo tal como es ahora. La imprenta significó la posibilidad de producir
y distribuir textos en masa, restaurando en parte la interactividad del habla, perdida en
el texto manuscrito (Harnad, 1991). Nuestra cultura está tan fuertemente basada en la
tecnología de la imprenta que resulta superfluo extenderse en sus consecuencias. El mundo
tal como lo conocemos es producto de la imprenta (Eisenstein, 1994) (si exceptuamos la
influencia de los medios de masas electrónicos, como la TV, en las últimas décadas).
Según Bosco (1995), la estructura del libro (lineal, dividido en capítulos, cada uno de
los cuales contiene un segmento coherente y unificado de la totalidad, su presencia
física¹ y permanencia, etc.) se reproduce en la estructura de nuestro conocimiento
(dividido en disciplinas cohesionadas, permanentes, acumulativas, ordenadas lógicamente,
etc.) y, añadiría, de gran parte de nuestra actual pedagogía. Es ilustrativo, a fin de calibrar la magnitud de los cambios en las vidas de las
personas que introducen las revoluciones tecnológicas, echar un vistazo a cómo accedían
a la información escrita los estudiantes universitarios antes de la aparición de la
imprenta y compararla con nuestras actuales bibliotecas universitarias1. Con las primeras
Universidades aparecen las primeras bibliotecas universitarias, hacia el S. XII-XIII.
Aunque la enseñanza se basaba en la memoria, los estudiantes y profesores disponían de
bibliotecas para consultar las obras que no podían copiar por si mismos (o hacer que se
las copiaran). Las bibliotecas eran colecciones dispersas en distintas facultades,
colegios, etc. con pocos libros que, en general, procedían de donaciones o legados.
Tenían dos secciones, la magna, con los libros de consulta encadenados (tal era su valor)
y la parva, libros que se prestaban depositando en fianza otro libro. Los horarios de
consulta no eran precisamente amplios. En el S. XV la Universidad de Salamanca, por
ejemplo, tenía un horario reglamentado de dos horas por la mañana y dos por la tarde.
Las actitudes de los profesores hacia las primeras bibliotecas no era de entusiasmo,
precisamente. En realidad el negocio lo hacían los "estacionarios", una especie de
libreros que disponían de todas las obras que se necesitaban en las universidades,
debidamente aprobadas por la autoridad académica. Para ejercer su profesión tenían que
depositar una fianza y trabajar bajo la supervisión directa de la Universidad. Su
actividad se regulaba en las "Constituciones" y consistía en disponer de copias
autorizadas de las obras, divididas en cuadernos, que prestaban a los estudiantes para que
éstos los copiaran o los hicieran copiar por amanuenses y luego volvían a recuperarlos.
De esta forma las copias se hacían siempre sobre un ejemplar correcto y las copias
sucesivas no hacían que se desviara demasiado del contenido original. Este sistema, la
"Pecia", era el más común para hacerse con la bibliografía necesaria hasta
finales de la Edad Media (Febre y Martin, 1962)2. Las dificultades de acceso a la información, cuando ha estado vinculada a objetos de
difícil reproducción y que viajaban a la misma velocidad que los medios de transporte,
han modelado nuestras conductas y nuestras instituciones. La imprenta contribuyó a una
auténtica revolución en la difusión del conocimiento y de las ideas y, por tanto, en la
evolución de nuestros sistemas políticos, la religión, la economía y prácticamente
todos los aspectos de nuestra sociedad. Aprender a leer y a escribir es, todavía, el más
importante aprendizaje que se realiza en la escuela. Es la puerta de acceso a la cultura y
a la vida social. Pero, en la actualidad, estamos viviendo una cuarta revolución. La cuarta revolución, en la que está inmersa nuestra generación, es la de los medios
electrónicos y la digitalización, un nuevo código más abstracto y artificial
(necesitamos aparatos para producirlo y descifrarlo) de representación de la información
cuyas consecuencias ya hemos comenzando a experimentar. Bosco (1995) sitúa el origen de
esta nueva etapa en una fecha concreta: el 24 de mayo de 1844, cuando Samuel Morse envió
el primer mensaje por telégrafo. Por primera vez (si exceptuamos algunos intentos de
telégrafos semafóricos), la información viajaba más rápido que su portador. Hasta ese
momento, había permanecido atada a los objetos sobre los que se codificaba. Ahora viajaba
a la velocidad de la luz, infinitamente más rápido que los trenes al lado de cuyas vías
se hicieron los tendidos de los postes telegráficos. Por aquella época, Charles Babbage, un ingeniero inglés, trabajaba ya en su máquina
analítica, un engendro mecánico dado que la tecnología eléctrica y electrónica no se
había desarrollado lo suficiente como para pensar en utilizarla. Pero el camino hacia el
ENIAC, el primer ordenador digital, estaba trazado. En este proceso de digitalización del
saber hemos asistido a una fase preliminar en la que la electrónica ha propiciado el
rápido desarrollo de aplicaciones analógicas (el teléfono, la radio, la televisión, el
fax, etc.), que en la actualidad están migrando rápidamente hacia la digitalización y
adquiriendo capacidades interactivas entre emisor y receptor y de procesamiento y
manipulación de la información ampliadas. Los avances en la creación de imagen de
síntesis, por ejemplo, ha aumentado el número de aplicaciones de esta nueva forma de
codificar la información: no sólo tenemos textos, imágenes y sonidos digitalizados que
podemos almacenar y reproducir indefinidamente de modo fiel, sino que también podemos
producirlos desde la nada, generarlos a voluntad. Han aparecido nuevos tipos de
materiales, desconocidos anteriormente: multimedia, hipermedia, simulaciones, documentos
dinámicos producto de consultas a bases de datos, etc. Los satélites de comunicaciones y
las redes terrestres de alta capacidad permiten enviar y recibir información desde
cualquier lugar de la Tierra. Este es el entorno de los niños y jóvenes de hoy, el mundo
para el cual debemos formarlos en las instituciones educativas, el mundo de las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación. Los cambios ligados a esta cuarta revolución se están produciendo en este mismo
momento y, además, dependen de numerosos factores sociales y económicos, no sólo
tecnológicos. Las perspectivas varían desde los más optimistas, que ven las nuevas
tecnologías como una posibilidad de redención de todos los males (véase Negroponte,
1995; Toffler, 1996; o Gates, 1995, por ejemplo), hasta quién sólo ve amenazas y
nubarrones (véase Roszak, 1986; Bloom, 1989; Postman, 1994 o Stoll 1996). De hecho, el
panorama que hemos presentado en esta sección es, a todas luces, una simplificación
excesiva de la compleja historia de la comunicación humana. La relación entre oralidad y
alfabetización y los efectos sociales y cognitivos de la escritura son objeto de
controversia entre los especialistas (Olson y Torrance, 1991; Olson, 1994, por ejemplo).
El objeto de dicha simplificación ha sido destacar la importancia de la digitalización
de la cultura y del momento que vivimos y alertar al lector para que pueda detectar los
cambios, en ocasiones sutiles, que se están produciendo en todas las esferas de nuestras
vidas. Sin embargo, la mayoría de las explicaciones sobre la evolución de las tecnologías
de la información (como la que se ha propuesto más arriba) padecen un fuerte
determinismo tecnológico. Es decir, con frecuencia olvidamos que una tecnología no sólo
tiene implicaciones sociales, sino que también es producto de las condiciones sociales y,
sobre todo, económicas de una época y país. El contexto histórico es un factor
fundamental para explicar su éxito o fracaso frente a tecnologías rivales y las
condiciones de su generalización. La sociedad actúa como propulsor decisivo no sólo de
la innovación sino de la difusión y generalización de la tecnología (Breton y Proulx,
1990). Como afirma Manuel Castells, ³el cambio tecnológico tan sólo puede ser
comprendido en el contexto de la estructura social dentro de la cual ocurre² (Castells,
1995). ¿Por qué muchas de las primeras tablillas de arcilla con escritura cuneiforme
eran inventarios de almacén? ¿Por qué la imprenta no se desarrolló en la China si ya
se conocían las tecnologías que están en su base, incluyendo el papel, la prensa y los
tipos móviles, antes que en occidente? ¿Por qué los primeros libros impresos fueron de
temática religiosa y conjuntos de tablas para cálculos comerciales? De todos los modelos
de televisión posibles, ¿por qué tenemos la que tenemos? La explicación a todas estas
cuestiones sólo puede hallarse en los contextos sociales, políticos y económicos en los
que se crearon y desarrollaron como innovaciones. No olvidemos, por ejemplo, que la
imprenta nació como un negocio (Eisentein, 1994). Lo que está pasando ahora mismo en la
Internet, la explosión de contenidos comerciales o las batallas por controlar el mercado
del software, no son precisamente un producto de la tecnología. Las características de
los protocolos de comunicación utilizados en la Internet son una creación humana deudora
de las necesidades percibidas por los investigadores y las instituciones que financian e
impulsan la investigación. Así, nos encontramos en un periodo en el que el uso comercial
de las redes informáticas está propiciando la investigación en aspectos antes poco
relevantes como la seguridad en las transacciones electrónicas, el dinero electrónico,
los micropagos, la banca electrónica, etc. Pero de todos estos desarrollos pueden
obtenerse otros beneficios, del mismo modo que una red informática descentralizada,
creada para soportar un ataque nuclear, se ha mostrado sumamente resistente a los intentos
de censura y control ideológico de los gobiernos cuando ha pasado a las manos de los
ciudadanos. En resumen, todos estos avances tecnológicos tienen lugar dentro de un determinado
marco socioeconómico que hace posible no solo su desarrollo en los centros de
investigación y Universidades, sino también su transferencia a la sociedad y su
aplicación a la producción. La revolución tecnológica en los medios, canales y
soportes de la información que se está produciendo ante nuestros ojos se puede englobar
en un conjunto más amplio de cambios en la estructura productiva de nuestra sociedad. Un
término define este conjunto de transformaciones: la sociedad de la información.
|
|
3. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación |
|
Parafraseando la definición de Gonzalez, Gisbert et al., (1996, pág. 413), entendemos
por "nuevas tecnologías de la información y la comunicación" el conjunto de
procesos y productos derivados de las nuevas herramientas (hardware y software), soportes
de la información y canales de comunicación relacionados con el almacenamiento,
procesamiento y transmisión digitalizados de la información. Cabero (1996) ha sintetizado las características más distintivas de las nuevas
tecnologías en los siguientes rasgos: inmaterialidad, interactividad, instantaneidad,
innovación, elevados parámetros de calidad de imagen y sonido, digitalización,
influencia más sobre los procesos que sobre los productos, automatización,
interconexión y diversidad. El paradigma de las nuevas tecnologías son las redes informáticas. Los ordenadores,
aislados, nos ofrecen una gran cantidad de posibilidades, pero conectados incrementan su
funcionalidad en varios órdenes de magnitud. Formando redes, los ordenadores no sólo
sirven para procesar información almacenada en soportes físicos (disco duro, disquette,
CD ROM, etc.) en cualquier formato digital, sino también como herramienta para acceder a
información, a recursos y servicios prestados por ordenadores remotos, como sistema de
publicación y difusión de la información y como medio de comunicación entre seres
humanos. Y el ejemplo por excelencia de las redes informáticas es la Internet. Una red de
redes que interconecta millones de personas, instituciones, empresas, centros educativos,
de investigación, etc. de todo el mundo. Se ha afirmado que la Internet es una maqueta a
escala de la futura infraestructura de comunicaciones que integrará todos los sistemas
separados de los que hoy disponemos (TV, radio, teléfono, etc.), ampliando sus
posibilidades, los nuevos sistemas que hoy ya se utilizan experimentalmente en la Internet
(i.e., videoconferencia, video a la carta, etc.) y otros que apenas imaginamos. La digitalización supone un cambio radical en el tratamiento de la información.
Permite su almacenamiendo en grandes cantidades en objetos de tamaño reducido o, lo que
es más revolucionario, liberarla de los propios objetos y de sus características
materiales y hacerla residir en espacios no topológicos (el 'ciberespacio' o la
'infosfera') como las redes informáticas, accesibles desde cualquier lugar del mundo en
tiempo real. También podemos reproducirla sin merma de calidad de modo indefinido,
enviarla instantáneamente a cualquier lugar de la Tierra y manipularla en modos que
nuestros antepasados ni siquiera soñaron. La digitalización de la información está
cambiando el soporte primordial del saber y el conocimiento y con ello cambiará nuestros
hábitos y costumbres en relación al conocimiento y la comunicación y, a la postre,
nuestras formas de pensar. Las ideas sobre la información están muy ligadas a los soportes que nos han servido
para almacenarla y transmitirla durante años. Nuestra generación está muy influida por
la imprenta y la televisión, es decir, por el texto impreso y por el modelo
"broadcast" de difusión de imágen y sonido de la radio y la TV. Un ejemplo
servirá para ilustrar este punto. Toda la legislación actual sobre propiedad intelectual
y derechos de copia está basada dos supuestos: el primero es que es relativamente costoso
producir y difundir libros impresos y material audiovisual; el segundo, derivado del
anterior, es la división del trabajo entre autores y editores, es decir, entre
productores y distribuidores de información. No es extraño que sea así, ya que dicha
protección de derechos nació con la imprenta y para proteger los derechos comerciales de
los impresores (y, digámoslo claramente, en mucha menor medida de los autores). También
es evidente que se adapta mal a estos tiempos cibernéticos en los que una copia de
enésima generación de un texto electrónico o de una aplicación informática es
exactamente igual al original y que cualquier niño o niña de 12 años puede difundirla
por todo el mundo en cuestión de segundos. Pero no sólo los derechos de copia se ven
afectados. Otras categorías a las que estamos acostumbrados ("autor",
³lector², "obra", ³texto², etc.) están siendo desafiadas por nuevas formas
de producción, almacenamiento y distribución de la información (Landow 1992; Bolter
1991). Los sistemas hipermedia distribuidos, por ejemplo, diluyen la distinción entre
autor/lector y entre autor y editor. Sn embargo, seguimos pensando en términos de átomos
en lugar de en términos de bits: un subproducto mental típico de la era analógica. John
Perry Barlow (1994) sostiene que la información es algo intangible y que, al igual que la
luz o la materia, sus propiedades son paradójicas: la información no posee las
propiedades del objeto sobre el que la codificamos, es más parecida a una actividad o a
una relación y se propaga y evoluciona como una forma de vida.
|
| 4. Algunas repercusiones de las nuevas tecnologías |
|
|
5. Hacia la sociedad del aprendizaje |
|
La educación es un sector tradicionalmente poco dado a novedades y cambios. Seymour Papert nos ofrece una historieta que ilustra los diferentes ritmos de cambio en educación y en la profesión médica: Imagínense, dice Papert (1993, págs. 1-2), un grupo de viajeros del tiempo del siglo pasado, entre ellos un grupo de cirujanos y otro de maestros, que aparecieran en nuestros días para ver cómo habían cambiado las cosas en sus respectivas profesiones en cien o más años. Piensen en el "shock" del grupo de cirujanos asistiendo a una operación en un quirófano moderno. Sin duda podrían reconocer los órganos humanos pero les sería muy difícil imaginar qué se proponían hacer los cirujanos actuales con el paciente, los rituales de la antisepsia o las pantallas electrónicas o las luces parpadeantes y los sonidos que producen los aparatos presentes. Los maestros viajeros del tiempo, por el contrario, sólo se sorprenderían por algunos objetos extraños de las escuelas modernas, notarían que algunas técnicas básicas habían cambiado (y probablemente no se podrían de acuerdo entre ellos sobre si era para mejor o para peor) pero comprenderían perfectamente lo que se estaba intentando hacer en la clase y, al cabo de poco tiempo, podrían fácilmente seguir ellos mismos impartiéndola. La moraleja del cuento es evidente: el sistema educativo no es precisamente un ambiente en el que la tecnología tenga un papel relevante para las tareas que allí se realizan. Es más, sus practicantes, tradicionalmente y salvo honrosas excepciones, se han mostrado bastante reacios a incorporar novedades en su estilo de hacer las cosas. Sin embargo, la actual revolución tecnológica afectará a la educación formal de múltiples formas. Así lo señalan los diversos documentos, estudios, congresos, etc. auspiciados por la Unión Europea sobre la sociedad de la información. En casi todos ellos se destaca un hecho importante: la sociedad de la información será la sociedad del conocimiento y del aprendizaje. Por ejemplo, en el "Libro blanco sobre la educación y la formación" (Comisión Europea, 1995) se afirma taxativamente que la sociedad del futuro será una sociedad del conocimiento y que, en dicha sociedad, "la educación y la formación serán, más que nunca, los principales vectores de identificación, pertenencia y promoción social. A través de la educación y la formación, adquiridas en el sistema educativo institucional, en la empresa, o de una manera más informal, los individuos serán dueños de su destino y garantizarán su desarrollo" (Comisión Europea, 1995, pág., 16). Por su parte, un grupo de expertos reunidos por la Unión Europea ha elaborado unas primeras reflexiones sobre la sociedad de la información (Soete, 1996). En ellas se considera a la sociedad de la información como una sociedad del aprendizaje ('learning'), y de aprendizaje a lo largo de toda la vida ('life-long learning'). En el primer informe anual del Foro de la Sociedad de la Información a la Comisión Europea (Foro de la Sociedad de la Información, 1996) se afirma "El cambio [hacia la sociedad de la información] se produce a una velocidad tal que la persona sólo podrá adaptarse si la sociedad de la información se convierte en la 'sociedad del aprendizaje permanente'". Hay varias ideas fundamentales sobre el papel de las nuevas tecnologías en la educación de la sociedad de la información que es necesario destacar.
|
|
5.1. El ritmo del cambio: aprendizaje a lo largo de toda la vida y cultura general |
|
En primer lugar, el ritmo de cambio de nuestra sociedad es tan rápido que los sistemas
de formación inicial no pueden dar respuesta a todas las necesidades presentes y futuras
de la sociedad. Hace años que somos conscientes de que la formación debe prolongarse
durante toda la vida y que el reciclaje y la formación continuada son elementos clave en
una sociedad desarrollada y moderna. Sin embargo, los importantes cambios que las nuevas
tecnologías están introduciendo en los puestos de trabajo han hecho este principio mucho
más evidente que antes. Se están creando nuevos sectores productivos relacionados con
dichas tecnologías, otros se transforman por la introducción de nuevas formas de
organización y, finalmente, es posible que desaparezcan muchos puestos de trabajo como
subproducto de la revolución tecnológica. Por eso, en la sociedad de la información
deberán crearse los mecanismos necesarios para que dicha formación continuada alcance a
la gran cantidad de personas que, presumiblemente, van a necesitar nuevos conocimientos,
habilidades y destrezas. En este punto, las nuevas tecnologías tienen un papel relevante,
no solo como contenido de la formación, sino como medio para hacer llegar dicha
formación a sus destinatarios. El Libro Blanco sobre la educación y la formación de la Comisión Europea (1995),
ante los nuevos retos de la sociedad de la información, la mundialización y la
civilización científica y tecnológica, propone una primera respuesta centrada en la
cultura general como base de futuras especializaciones y aprendizajes y como
"instrumento de comprensión del mundo al margen de los marcos de enseñanza"
(pág. 28). "La cultura literaria y filosófica [...] permite discernir, desarrolla el sentido
crítico del individuo, incluído contra la ideología dominante y puede proteger mejor al
individuo contra la manipulación permitiéndole descifrar la información que
recibe". (ibid, pág. 29). La segunda respuesta general es "desarrollar la aptitud para el empleo y la
actividad", para ello se propone acercar las instituciones formativas a la empresa y
el mundo del trabajo. Uno de los peligros de la sociedad de la información que destacan los expertos es el
hecho de dejar el desarrollo de las acciones formativas a la iniciativa privada y a las
leyes del mercado. No existe ninguna garantía de que sin intervención de los poderes
públicos se proporcione la necesaria formación a los grupos que más la necesitan, sólo
a quien pueda pagarla. En diversos informes se habla del peligro de una nueva fuente de
discriminación, de una división entre "inforicos" e "infopobres".
Nuestra sociedad considera la información una mercancía más, sujeta a las leyes del
mercado. Los poderes públicos deben garantizar el acceso de todos a la información y a
la formación necesarias para ser unos ciudadanos críticos y responsables. Ya poseemos un
conjunto de ideas sobre el papel de la escuela pública como elemento fundamental en la
garantía del derecho a la educación y a una educación democrática. Parece evidente que
el acceso a la formación a través de las nuevas tecnologías debe ser objeto de un
tratamiento similar. Los países más avanzados están realizando esfuerzos importantes a
fin de alfabetizar a los niños y jóvenes en estas herramientas, porque consideran que ya
son un factor clave para su capacitación profesional, su desarrollo personal y, en
conjunto, para la economía y el futuro del país.
|
|
5.2. Nuevos entornos de enseñanza/aprendizaje. |
|
Un segundo aspecto, relacionado directamente con el anterior, hace referencia a la
ampliación de los escenarios educativos (Adell, en prensa). La formación y el reciclaje,
en tanto que elementos estratégicos para la competitividad, estarán cada vez más
presentes en la vida laboral de los trabajadores. La formación en el puesto de trabajo o
en el hogar (que será también el centro de trabajo para muchas personas) se combinarán
con la recibida en las instituciones tradicionales. Estos escenarios plantean desafíos
técnicos y pedagógicos a los que los profesionales deberemos responder. En primer lugar,
los roles de profesores, alumnos y personal de apoyo deben adaptarse a los nuevos
entornos. No solo se trata de adquirir conocimientos generales sobre como usar los nuevos
medios, sino también de las implicaciones de dichos tipos de comunicación en los
procesos de enseñanza/aprendizaje. Los estudiantes deberán adoptar un papel mucho más
activo, protagonizando su formación en un ambiente muy rico en información. Las nuevas tecnologías no sólo van a incorporarse a la formación como contenidos a
aprender o como destrezas a adquirir. Serán utilizadas de modo creciente como medio de
comunicación al servicio de la formación, es decir, como entornos a través de los
cuales tendrán lugar procesos de enseñanza/aprendizaje. Como señala Martinez (1996,
pág 111), "en los procesos de enseñanza/aprendizaje, como prácticamente en la
totalidad de los procesos de comunicación, pueden darse diferentes situaciones
espacio-temporales, tanto en la relación profesor-alumno, como en relación a los
contenidos". Las aulas virtuales, la educación en línea, a través de redes
informáticas, es una forma emergente de proporcionar conocimientos y habilidades a
amplios sectores de la población. Los sistemas asíncronos de comunicación mediada por
ordenador proporcionarán la flexibilidad temporal necesaria a las actividades para que
puedan acceder a la formación aquellas personas con dificultades para asistir
regularmente a las instituciones educativas presenciales debido a sus obligaciones
laborales, familiares o personales. La desaparición del espacio físico en estas nuevas
modalidades de formación creará un mercado global en el que las instituciones educativas
tradicionales competirán entre sí y con nuevas iniciativas formativas públicas y
privadas. Los más entusiastas de los nuevos medios han anunciado el fin del aula como unidad de
acción espacio-temporal única en educación y el fin de las institucioes educativas
actuales. Perelman (1992; s.f.), por ejemplo, ha propuesto dedicar los fondos de la
educación pública al desarrollo de recursos tecnológicos para el aprendizaje y acelerar
la muerte (natural) de la escuela, una institución, a su juicio, completamente obsoleta.
La linea de su argumentación destaca que el aprendizaje, antes un proceso distintivamente
humano, es ahora un proceso transhumano en el que participan "cerebros"
artificiales, redes neuronales y sistemas expertos, que, entrenados por el conocimiento
humano, interactúan con los alumnos proporcionando conocimientos
"just-in-time". El aprendizaje no es ya una actividad confinada a las paredes
del aula, sino que penetra todas las actividades sociales (trabajo, entretenimiento, vida
hogareña, etc.) y, por tanto, todos los tiempos en los que dividimos nuestro día. No se
trata de una tarea infantil de preparación para la vida adulta y el trabajo: en realidad
es una parte cada día más importante de muchos puestos de trabajo y profesiones. Las
antiguas categorías ("escuelas", "universidades",
"bibliotecas" "profesores", "estudiantes") dejan de tener
sentido en la sociedad del "hiperaprendizaje", un "universo de nuevas
tecnologías que poseen e incrementan la inteligencia" (Perelman, 1995, pág. 23), en
la que el aprendizaje está en todas partes y para todo el mundo. Los edificios escolares
deberían ser sustituidos rápidamente por canales de "hiperaprendizaje" ya que
la pericia está más en la red y menos en la persona y el aprendizaje se extiende a todo
el ciclo vital. Perelman afirma que invertir en el sistema educativo actual es como si a
principios de siglo hubiéramos pretendido mejorar las razas equinas para competir con los
vehículos a motor. Hay momentos en que es necesario hacer cambios radicales y este es uno
de ellos. Las nuevas tecnologías no sólo están creando sus propios nichos, sino que
harán desaparecer sectores enteros, como ocurre en condiciones de libre mercado. La
propuesta de Perelman es ayudar a que ocurra de modo rápido, eliminando las ³muletas² a
la institución educativa (que califica, no se asusten, como una ³granja colectivista²). La visión de Perelman es un ejemplo maximalista del discurso sobre la educación y las
nuevas tecnologías que se está incubando en el seno de algunos círculos neoliberales
norteamericanos. No es necesario que dediquemos mucho tiempo a la crítica de este tipo de
discurso reduccionista, en el que educación se asimila a acceso a la información, en el
que se confunde ³información² con ³conocimiento². Un discurso más influenciado por
consideraciones económicas que educativas. Sin embargo, el peligro de que las nuevas
tecnologías se empleen en la educación de masas para sustituir formas tradicionales (y
más caras) de formación es real y se basa sobre todo en argumentos de tipo económico,
no sobre la calidad del resultado. La visión "postindustrial", de un proceso
actualmente casi "artesanal" como la educación, no se ha demostrado que aporte
otras ventajas que bajar los costes. Desde luego, pese a la "deslocalización de la
información" no se muestra cómo se democratiza el acceso a una formación de
calidad. Además de discursos neoliberales extremos, orientados a la venta de libros y a llenar
las salas de conferencias, existen planteamientos más serios. Bosco (1995), por ejemplo,
también ha destacado la importancia de los efectos de la "deslocalización" del
conocimiento y, por ende, del aprendizaje: las escuelas no son el único lugar en el que
aprenden los niños. Las nuevas tecnologías han reavivado el interés por el
"aprendizaje natural", tal como es caracterizado por autores como Dewey, Papert
o Schank, y por utilizar la tecnología para promoverlo con un menor compromiso para con
el lugar en el que se produce o cómo se conforma a las expectativas de la institución
educativa. El papel de las escuelas está cambiando y las nuevas tecnologías pueden
"contextualizar" el aprendizaje, convirtiéndolo en parte de la vida cotidiana.
Esta "des-institucionalización" de la educación se une, a juicio de Bosco, a
la creciente desconfianza de las personas con el papel de las instituciones públicas,
derivada de la crisis del estado del bienestar. Bosco no habla de la desaparición de la
escuela pública, sino de la creación de nuevos entornos de aprendizaje: "El desafío es utilizar la tecnología de la información para crear en nuestras
escuelas un entorno que propicie el desarrollo de individuos que tengan la capacidad y la
inclinación para utilizar los vastos recursos de la tecnología de la información en su
propio y continuado crecimiento intelectual y expansión de habilidades. Las escuelas
deben convertirse en lugares donde sea normal ver niños comprometidos en su propio
aprendizaje." (Bosco, 1995, pág. 51). Esta transformación choca frontalmente con una serie de concepciones y creencias
fuertemente establecidas sobre la escuela y la escolarización. Las nuevas tecnologías
están promoviendo una nueva visión del conocimiento y del aprendizaje (Bartolomé,
1996). Incluidos en este cambio están, sin duda, los roles desempeñados por las
instituciones y por los participantes en el proceso de enseñanza/aprendizaje, la
dinámica de creación y diseminación del conocimiento y muchas de las prioridades de
nuestros actuales curricula.
|
|
5.3.Nuevos roles para las instituciones educativas |
|
La deslocalización de la información y la disponibilidad de nuevos canales de
comunicación tendrá efectos notables en las instituciones educativas superiores
tradicionales. El más evidente es la globalización de algunos mercados educativos. Es
posible que, en breve, muchas instituciones compitan en un renovado mercado de formación
a distancia a través de las redes telemáticas. La perspectiva tradicional de la
educación a distancia está cambiando a pasos agigantados. Las redes no sólo servirán
como vehículo para hacer llegar a los estudiantes materiales de autoestudio (sustituyendo
al cartero), sino para crear un entorno fluido y multimediático de comunicaciones entre
profesores y alumnos (telementorazgo y teletutoría) y, tal vez lo más necesario en la
actualidad, entre los propios alumnos (aprendizaje colaborativo). Clases a través de
videoconferencia, entornos de trabajo en grupo, distribución por línea de materiales
multimedia, etc. serán habituales en la educación a distancia. Aplicaciones de este tipo
ya funcionan en laboratorios y experiencias piloto. Ahora sólo es necesario que las
infraestructuras de comunicaciones lo permitan de modo generalizado. Las instituciones que ofrecen formación presencial están comenzando a utilizar las
nuevas tecnologías como recurso didáctico y como herramienta para flexibilizar los
entornos de enseñanza/aprendizaje. No es descabellado pensar en programas mixtos, en los
que los estudiantes asisten a unas pocas clases y siguen formándose en sus casas o
puestos de trabajo a través de los recursos por línea de la institución, accediendo a
sus profesores cuando lo necesiten. Este grado de flexibilidad permitirá que muchas
personas con obligaciones familiares o laborales puedan seguir formándose a lo largo de
sus vidas. Esta nueva visión está propiciando la aparición de nuevos tipos de instituciones
educativas. Un par de ejemplos servirán para ilustrar las posibilidades que ofrecen. El primero es cercano: la Universitat Oberta de Catalunya3. Una institución de
educación superior a distancia que emplea la telemática como elemento clave no solo en
la distribución de materiales de estudio (junto con métodos y materiales tradicionales
como el texto o el video) sino como entorno de comunicación entre profesores y
estudiantes y entre los propios estudiantes. Una de las características de la formación
a distancia es la sensación de aislamiento de los estudiantes, que no disponen de las
facilidades de de un campus clásico. LA UOC ha creado un campus virtual en el que
cualquier persona "tienen acceso no sólo a posibilidades de formación sino también
a toda clase de servicios académicos y no académicos propios de un campus
universitario" (Ferraté, Alsinay y Pedró, 1997, pág. 238). La red telemática
posibilita la comunicación entre profesores y estudiantes, entre los propios estudientes,
de modo síncrono o asíncrono, y el acceso a recursos de otras instituciones, centros y
servicios de modo global. Otro ejemplo, este más radical, del tipo de instituciones educativas que pueden
aparecer con las nuevas tecnologías como entorno de enseñanza/aprendizaje es proyecto de
la Western Governors University4. Una universidad fundada por los gobernadores de 18
estados del oeste de los Estados Unidos y que no sólo no tendrá campus físico, sino que
no tendrá ni siquiera profesores propios: contratará la formación a distancia a otras
instituciones y/o empresas, así como los servicios de evaluación y certificación de los
conocimientos. La idea de sustituir aulas y laboratorios por entornos virtuales tiene implicaciones
bastante radicales para las instituciones educativas. Graves (1997) ha señalado que puede
utilizarse la tecnología para desagregar y desintermediar los servicios que prestan las
universidades y recombinar los componentes resultantes en "servicios más flexibles
que pueden competir en un 'libre mercado' educativo" (Graves, 1997, pág. 97). Graves
no solo propone el uso de la Internet y las nuevas tecnolgías sino la desagregación de
diversos servicios: la instrucción y la formación de la evaluación y los títulos, los
costes de la instrucción y el currículum (los ingresos derivados de los programas
graduados financian los de doctorado, minoritarios, especializados y deficitarios), los
diferentes roles de los profesores (instructor, consejero, evaluador, etc.) y los papeles
de "formación de masas" de los requerimientos de excelencia docente e
investigadora que se exige a los centros educativos superiores. Graves aboga por la
desaparición de las clases presenciales como sistema básico de enseñanza/aprendizaje y
su sustición por el autoestudio y la "intervención estilo Oxbridge
'just-in-time'". El concepto de Graves se resume en una idea: la meta-universidad. El papel de esta
institución sería la de 'brokers' (públicos o privados) de servicios educativos,
orientados por un control de calidad, capaces de ofrecer certificaciones 'agregando'
módulos de formación de muchas fuentes diferentes. La meta-universidad proporcionaría
información a sus estudiantes sobre distintas posibilidades de formación a distancia o
mixta presencial/a distancia, de calidad contrastada, autentificaría las transacciones
entre los estudiantes y los proveedores de formación y mantendría un registro de la
formación adquirida por los estudiantes a fin de que éstos pudieran lograr la
certificación de sus conocimientos, bien a través de la propia meta-universidad o de
organismos especializados participantes.
|
|
5.4.Nuevos roles para docentes y discentes |
|
Los nuevos entornos de enseñanza/aprendizaje exigen nuevos roles en profesores y
estudiantes. La perspectiva tradicional en educación superior, por ejemplo, del profesor
como única fuente de información y sabiduría y de los estudiantes como receptores
pasivos debe dar paso a papeles bastante diferentes. La información y el conocimiento que
se puede conseguir en las redes informáticas en la actualidad es ingente. Cualquier
estudiante universitario, utilizando la Internet, puede conseguir información de la que
su profesor tardará meses en disponer por los canales tradicionales. La misión del
profesor en entornos ricos en información es la de facilitador, la de guía y consejero
sobre fuentes apropiadas de información, la de creador de hábitos y destrezas en la
búsqueda, selección y tratamiento de la información. En estos entornos, la experiencia,
la meta-información, los "trucos del oficio", etc. son más importantes que la
propia información, accesible por otros medios más eficientes. Los estudiantes, por su
parte, deben adoptar un papel mucho más importante en su formación, no sólo como meros
receptores pasivos de lo generado por el profesor, sino como agentes activos en la
búsqueda, selección, procesamiento y asimilación de la información. Por otra parte, los nuevos canales abren un frente en los conocimientos y destrezas del
profesor. Debe utilizarlos y ayudar a utilizarlos a sus estudiantes, como una herramienta
al servicio de su porpia autoformación. De hecho, cada vez en más Universidades, los
profesores atienden sus tutorías también por correo electrónico, tienen páginas web
con los programas de sus asignaturas y las lecturas recomendadas (si están disponibles en
formato electrónico) y utilizan los nuevos canales como medio de comunicación y para
reforzar la interacción del grupo de estudiantes entre sí (por ejemplo, a través de
experiencias formativas en las que participan estudiantes y profesores de diversas
universidades). Las telecomunicaciones abren posibilidades metodológicas y didácticas
insospechadas. Los estudiantes de una institución pueden acceder a través de las redes a
datos, publicaciones, actas de congresos y simposios, etc. pero también comunicarse con
profesores y expertos de otras instituciones, con los que intercambiar ideas y opiniones. Sin embargo, las formas tradicionales de enseñanza (la "lectio") han
resistido perfectamente los embates de la imprenta y la fotocopiadora. No sería extraño
que resistieran también a las redes informáticas y los multimedia. No se trata ahora de
condenar completamente una metodología de enseñanza que tiene sus virtualidades, se
trata de ampliar el tipo de experiencias formativas de los estudiantes utilizando medios
que van a encontrar por todas partes en su vida profesional y que forman parte de la
cultura tecnológica que lo impregna todo
|
|
5.5.Nuevos materiales de enseñanza/aprendizaje |
|
La digitalización y los nuevos soportes electrónicos están dando lugar a nuevas
formas de almacenar y presentar la información. Los tutoriales multimedia, las bases de
datos en línea, las bibliotecas electrónicas, los hipertextos distribuidos, etc. son
nuevas maneras de presentar y acceder al conocimiento que superan en determinados
contextos las formas tradicionales de la explicación oral, la pizarra, los apuntes y el
manual. No es necesario explicar las bondades de las simulaciones de procesos, la
representación gráfica, la integración de texto, imagen y sonido o de la navegación
hipertextual. En el futuro, este tipo de soportes serán utilizados de modo creciente en
todos los niveles educativos. Las herramientas de autor permitirán que los profesores, además de utilizar
materiales comerciales, desarrollen ellos mismos sus propios materiales, adaptados al
contexto de sus estudiantes. Un ejemplo del proceso que estamos viviendo es cómo se
están transformando las bibliotecas universitarias. De simples depósitos de libros y
revistas con salas de lectura anexas, están pasando a ofrecer múltiples fuentes de
información electrónica. El primer paso fue la adquisición de bases de datos en CD ROM,
un soporte material para la información que hace que los bibliotecarios más
tradicionales, acostumbrados a "manejar" objetos, sintieran escasamente
amenazados sus puestos de trabajo. A fin de cuentas, a los CD ROM también se les pueden
pegar tejuelos. Ahora, sin embargo, el paradigma de la biblioteca electrónica o
³biblioteca sin muros², en la que las fuentes de información están en formato
electrónico y almacenadas en dispositivos accesibles en cualquier lugar de la red
informática, se ha impuesto. Los usuarios acceden a sus servicios a través de los
ordenadores de sus despachos. El ciclo de producción y distribución del libro y la
publicación periódica, que pasa del formato digital al analógico, se acortará cuando
se garantice (si ello es posible: el ejemplo es lo que sucede en la industria del
software) el derecho de copia. Aunque parece inevitable que de la cadena
edición-reproducción-distribución-venta desaparezcan algunos eslabones. A la sombra de la explosión informática ha aparecido toda una industria y un mercado
de materiales formativos en soportes tecnológicos, paralelo a la institución escolar,
que invade las librerías y los quioscos y que ha dado lugar a un nuevo concepto:
"edutainment", "edutenimiento" o "eduversión", (Bartolomé,
1996), un híbrido entre educación y entretenimiento. Sin embargo, este tipo de productos
son típicos de una etapa anterior: la información es codificada sobre objetos. En el
futuro asistiremos a una explosión de "edutenimiento" accesible a través de
Internet, previo pago de su importe, naturalmente. Las grandes editoriales de materiales
educativos ya están en ello. La importancia de la escuela como fuente de conocimientos no
deja de disminuir en un mundo de grandes negocios basados en la información y
comunicación.
|
6.Corolario: Educar es una tarea centrada en el futuro |
|
El primer paso en la integración de toda nueva tecnología (y creo que este es el
momento en que nos encontramos) es intentar hacer lo mismo que antes, pero con los nuevos
juguetes. La Biblia de Gutenberg es indiferenciable para un neófito de los manuscritos de
los copistas de la época (bien, las ligaduras entre letras y los finales de línea son
diferentes, pero tampoco demasiado: los tipos son gruesos, como los escritos a mano).
Incluso se utilizaron abreviaturas características de los copistas, un indudable
inconveniente, pues incrementa el número de tipos necesarios para la composición. Los
primero vehículos a motor no eran más que carros sin caballos. El primer cine era teatro
filmado (muy mímico, eso sí, por la falta de sonido). El lenguaje cinematográfico, tal
como lo conocemos ahora, se desarrollaría posteriormente. Y cuando apareció el cine
sonoro, hubo que reinventarlo. No hace falta citar más ejemplos. Los primeros usos del
ordenador en la enseñanza revelan esta forma de utilización. Las redes informáticas nos ofrecen una perspectiva muy diferente de la del ordenador
solitario. En principio rompen el aislamiento tradicional de las aulas, abriéndolas al
mundo. Permiten la comunicación entre las personas eliminando las barreras del espacio y
el tiempo, de identidad y estatus (recuerdan aquel chiste sobre Internet en el que un
perro, sentado frente a un ordenador, le dice a otro que le observa: ³En la Internet
nadie sabe que eres un perro²). Pero, el mayor potencial de las nuevas tecnologías de la
información en la educación reside no solo en lo que aportarán a los métodos de
enseñanza/aprendizaje actuales, como en el hecho de que están transformando radicalmente
lo que rodea a las escuelas, es decir, el mundo. Están cambiando cómo trabajamos, cómo
nos relacionamos unos con otros, cómo pasamos nuestro tiempo libre y, en suma, nuestros
modos de percibir y relacionarnos con la realidad y a nosotros mismos. La disociación
entre una escuela oral-libresca y una realidad externa audiovisual, multimediática,
instantánea y global es un hecho. No debemos sorprendernos de que la mayoría de los
conocimientos que tienen los niños actuales sobre el mundo provengan de los medios de
comunicación de masas (cuyo objetivo, no lo olvidemos, no es precisamente educar). El
papel de la escuela como fuente primaria de información ha desaparecido hace ya tiempo.
Sin embargo, muchos profesores aún no se han dado cuenta. ¿Acaso estamos ante la desaparición de la educación escolar tal como la conocemos?
Todas las instituciones sociales son producto de su evolución histórica y de su
adaptación sucesiva a las demandas del medio. Surgieron para cubrir alguna necesidad y
han cambiado con el tiempo, adaptándose a las transformaciones sociales. Las que no lo
han hecho, han acabado desapareciendo. Piensen, por ejemplo, en nuestra forma de gobierno,
la democracia. La democracia representativa se "inventó" en una época en la
que la manera más rápida de enviar un mensaje de un lugar a otro eran las postas de
caballos. La participación efectiva de los ciudadanos de un país en los asuntos de
gobierno tenia que delegarse forzosamente. En los rasgos de muchas de nuestras
instituciones actuales pueden encontrarse las limitaciones de los medios de comunicación
de la época en la que fueron concebidas o alcanzaron su forma actual. Hay algunas que han
evolucionado con los tiempos. Otras, no tanto: tal vez no han recibido la presión
necesaria. La escuela es una de las últimas. La "utopía informativa" de la sociedad de la información es que toda la
información esté al alcance de cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar.
Acceder, pues, no será el problema. Aunque habrá que pagar precios de mercado por ella.
Puede que el verdadero problema de la sociedad de la información sea la saturación y el
ruido en todos los canales, la enorme cantidad de paja entre la que tendremos que
encontrar el grano, la sobrecarga cognitiva que implica escoger lo importante de entre la
masa de información espúrea. Pero la educación es más que poseer información: es
también conocimiento y sabiduría, hábitos y valores. Y esto no viaja por las redes
informáticas. Los profesores tendremos que redefinir nuestros papeles, sobre todo si
seguimos viéndonos a nosotros mismos sólo como "proveedores de información".
Y lo haremos en instituciones que asumirán los nuevos canales como medios para
proporcionar, también, los servicios que ahora prestan "presencialmente". La educación en la sociedad de la información ha de ser un factor de igualdad social
y de desarrollo personal, un derecho básico y no únicamente un producto de mercado. Los
grupos de alto riesgo en términos informacionales, los infoparias, han de ser objeto de
acciones positivas por parte de los poderes públicos. Debe evitarse que las nuevas
tecnologías acrecienten las diferencias sociales existentes o creen sus propios
marginados. ¿Están nuestras centros educativos preparados para afrontar la parte que les
corresponde de este desafío? ¿Estamos formando niños y jóvenes para el futuro?
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Bell, D. (1973). The Coming of Port-Industrial Society. Basic Books: New York. Hay
trad. castellana de R. García y E. Gallego, El advenimiento de las sociedad
post-industrial, Madrid: Alianza Editorial, 1986.
|
|
|
Bloom, A. (1989). El cierre de la mente moderna. Barcelona: Plaza y Janés |
|
|
|
|
|
|
|
|
Breton, Ph. y Proulx, S. (1990). La explosión de la comunicación. Barcelona:
Civilización Ediciones. |
|
|
Bush, V. (1945). "As We May Think", Atlantic Montly, 176/1, July, pp.
101-108. Puede verse una traducción al castellado de parte de este texto en LAMBERT, S. y
ROPIEQUET, S. (Eds.) (1987). CD ROM. El nuevo papiro. Madrid: Anaya-Multimedia, pp. 3-21. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
December, J. (1996). Units of Analysis for Internet Communication. Journal of
Communication 46(1) Winter. ISSN: 0021-9916/96. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Gates, W. (1995). The Road Ahead. Penguin Books. Hay trad. de Francisco Ortiz, Camino
al futuro, Madrid: McGraw-Hill, 1995.
|
|
|
Gaur, A. (1990). Historia de la escritura. Madrid: Fundación Germán Sánchez
Rupérez/ Ed. Pirámide.
|
|
|
Gibson, W. (1989). Neuromante, Barcelona: Minotauro. |
|
|
|
|
|
|
|
|
Levinson, P. (1990). Computer Conferencing in the Context of the Evolutions of Media.
En Harasim, L.M. Online Education. Perspectives on a New Environment. New York: Praeger
Press. págs. 3-14. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Moreno, A. (1997). Presentación a la edición en castellano, en D. Crowley y P. Heyer
(1997). La comunicación en la historia: tecnología, cultura y sociedad. Barcelona: Bosch
Casa Editorial.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Perelman, L.J. (1992). School's Out: Hyperlearning, the New Technology, and the End of
Education. N.Y.: William Morrow and. Company Inc.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
*Este artículo es una versión revisada de una conferencia que tuvo lugar en el marco de un curso de verano de la Universitat de les Illes Balears titulado "Tendencias en la sociedad de las tecnologías de la información". Mi agradecimiento a Llorenç Valverde por la invitación a dicho curso y por el permiso para publicar este texto. |
|
1 Debo esta información a Paloma Garrido, bibliotecaria de la Universitat Jaume I y experta conocedora no sólo de las nuevas tecnologías de la información sino también de la historia del libro y de las bibliotecas. |
|
2 Por otra parte, tal vez los cambios no hayan sido tan grandes: sustituyamos "estacionarios" por "compañeros/as que van a clase", "copias autorizadas" por "apuntes pasados a limpio" y "amanuenses" por "fotocopiadoras" y el resultado es bastante parecido a lo que todos sabemos. |
|
3 <URL:http://www.uoc.es> |
|
VOLVER ARTICULOS |
|
|
MAPA DEL DOCUMENTO |